Un código es el conjunto unitario, ordenado y sistematizado de las normas. En la teoría de la comunicación el código es el conjunto que puede ser entendido por el emisor y el receptor. La codificación es el método que permite que un carácter o la suma de varios se transforme en un símbolo de representación que nos conduce hacia un mundo menos libre y contradictoriamente más comunicativo, puesto que los alfabetos y escrituras del mundo dejan de ser imprescindibles ante las nuevas normas de transmisión que tienen como objetivo alienarnos e inducirnos, ordenadamente y en beneficio de lo común, en determinadas conductas.
Mayoritariamente todo sucede en las ciudades, núcleos de orden económico ansiosos de acotar y capturar cualquier espacio libre donde el ciudadano pueda deambular. Con el fin de salvaguardarnos, de nosotros mismos, día a día la voracidad del monstruo devora y alcanza todos los rincones de nuestras urbes y mediante una pésima copia de Mondrian codifica absolutamente el suelo, y este suelo que en sus orígenes fue nuestra tierra pasa a ser tierra codificada.
«Terres codificats» es un homenaje del fotógrafo Josep Bou a nuestra capacidad interpretativa de este universo de señales cambiantes y a veces yuxtapuestas, emitidas en formas y colores diversos. Ésta es una muestra de los orígenes donde la habilidad en identificar los auténticos caminos de la evolución, nos condujeron a la transformación de las sociedades primitivas, cazadoras y recolectoras, en rurales, y posteriormente en urbanas estructuradas en sistemas de identificación de los espacios globales por cadenas de caracteres y símbolos.
Fecha: Del 9 de junio al 2 de julio de 2011
Lugar: Galería H2O, C/ Verdi 152, 08012 Barcelona (mapa)
Precio: Entrada gratuita


La exposición titulada «Bodegones berlineses II – Botí d’hivern» está formada por 32 gelatinas de plata y 18 fotogramas de pequeño y mediano formato en los que Erika nos muestra su botín de invierno, una recopilación de objetos y desperdicios que han permanecido ocultos bajo la nieve y el hielo durante el largo invierno berlinés y que la fotógrafa utiliza para componer «bodegones» contemporáneos que sugieren diferentes interpretaciones al espectador. El objeto fotografiado resulta a veces identificable y en otras ocasiones deja más abierta la interpretación de la imagen. Los fotogramas están realizados también con objetos y desperdicios recopilados en las calles y que Erika ha clasificado cuidadosamente para obtener las transparencias y las escalas de grises de las imágenes que ha construido en el cuarto oscuro.
L’exposició, comissariada pel fotògrafs Valentín Vallhonrat i Rafael Levenfeld, manté l’estructura temàtica de l’arxiu de Josep Brangulí i reflecteix la diversitat i el tractament seriat que l’autor dóna als temes, entre els quals destaquen els següents: Setmana Tràgica, Tallers artesans, Societat abans de la República, Societat 1931–1936, Construcció de vaixells de formigó, Bombers, Boxa, Casa Reial a l’Exposició Universal de 1929, Escoles, Arquitectura industrial, Fira de Barcelona, Hospital, Intercanvi de presoners de la Segona Guerra Mundial, Museus, Nocturnes, Paisatge urbà, Platja, Port, República, Somorrostro, Desplaçament de Treballadors a Alemanya, Tramvies, Guerra i Postguerra. 
Entre els anys cinquanta i setanta es va dedicar a retratar la comunitat gitana on vivia, de manera que aquestes fotografies són ara un testimoni de la realitat cultural, social i històrica d’aquella Barcelona. Durant quinze anys el seu llegat va estar emmagatzemat en un traster, fins que l’any 2009 els seus fills van descobrir els milers de negatius i els van cedir a l’Arxiu Fotogràfic de Barcelona, per tal de perpetuar el llegat de Leonard vinculat a la ciutat.
En los distintos temas que han marcado la trayectoria fotográfica de
Chema Madoz (Madrid 1958), que recibió el Premio Nacional de Fotografía el año 2000, ha realizado numerosas exposiciones, tanto en España como en el extranjero. El conjunto de su obra goza del respeto de la crítica y esta muy bien valorada por el público en general, tanto por su técnica depurada, como por la frescura de sus aportaciones creativas. Sus fotografías, en blanco y negro; y realizadas siempre con luz natural, son propuestas imaginativas que provienen de una percepción de la realidad profundamente poética. Chema Madoz utiliza las imágenes de su entorno, las extrae de su contexto habitual y descubre que pueden ser portadoras de nuevos mensajes. El lenguaje poético de Chema Madoz consiste en eso: en desplazar los conceptos a otras posibilidades simbólicas creando analogías, metáforas y paradojas que invitan al espectador a participar en su juego creativo, conduciéndolo por los caminos de un universo paralelo.