«Exposures, Inscriptions, Morphologies» de Antony Crossfield

La identidad ha sido una de las principales preocupaciones a lo largo de la historia, no solo para los filósofos, sino para muchos artistas. Las fotografías de Antony Crossfield manifiestan un enfoque contemporáneo para esta cuestión eterna; cómo y porqué se forma y se construye nuestra identidad es un elemento crucial en la obra de Crossfield. Emplea las tecnologías contemporáneas, la fotografía digital y las imágenes generadas por ordenador, no sólo como herramientas de precisión y versatilidad, sino como un medio para reflejar nuestra comprensión de la identidad y del cuerpo humano en el siglo XXI.

«Deseo presentar el cuerpo no como un envoltorio de protección que define y que unifica nuestros límites, sino como un órgano físico y de intercambio físico entre los cuerpos» afirma Crossfield, «una especie de intersubjetividad que produce la identidad». Para él, nuestra identidad se basa en la relación con el «otro», se desarrolla por medio de la interacción entre las personas, es un acto de colaboración. La identidad es social, debe ser construida en grupo; necesitamos a los demás para formar, para validar y para legitimar nuestra identidad. En la obra de Crossfield, los cuerpos son presentados como inestables, ambiguos, fluidos y en constante trasiego; siendo la carne el medio por el que se alcanza la interacción con los demás. Los cuerpos se expanden más allá de sus límites, pero al mismo tiempo se contraen sobre sí mismos, en una lucha continua entre dicotomías contradictorias: fuera y dentro, propio y prójimo, mente y cuerpo, ficción y realidad.

La lucha de los modelos de Crossfield por construir su identidad se hace visible a través de su serie «Foreign Body». Los cuerpos «derriban la distinción entre los individuos a través de un acto físico, se personifica la identidad», señala Crossfield. Los individuos de las fotografías se fusionan, aunque en realidad sus cuerpos no se fusionan completamente; sus límites todavía se mantienen claramente visibles, los cuerpos chocan entre sí, están juntos, aunque siguen siendo seres independientes. Los individuos entienden sus individualidades como una experiencia y una existencia física, no sólo por sí mismos sino también en relación con el otro. Crossfield coloca un cuerpo dentro de otro revelando su incoherencia; el cuerpo deja de ser el contenedor de su individualidad y deja de ser una caja para sí mismo. «En mis fotografías, los hombres se encuentran en posiciones vulnerables en las que los cuerpos se abren y pierden su carácter hermético, propio de la percepción tradicional del cuerpo masculino», observa Crossfield. Indudablemente, los cuerpos parecen frágiles, vulnerables y expuestos; el control y la estabilidad corporal a través de la fuerza física, tal y como cabría esperar de las representaciones tradicionales del cuerpo masculino, están notablemente ausentes.

Crossfield explora «en qué forma el discurso tradicional occidental impone una definición y una plantilla de lo que es el cuerpo, – hermético, estable, unitario, autónomo, y discreto – estoy tratando de cuestionar estas definiciones». También resalta de qué forma nuestra experiencia del cuerpo siempre se manifiesta a través de nuestra interacción continua con otros cuerpos. Individualidades que no se sienten cómodas y en confianza en sus cuerpos; individualidades compuestas de los cuerpos, lo percibido y lo deseado; individualidades atrapadas en los cuerpos de otros; individualidades separadas de sus propios cuerpos; individualidades que han perdido un espacio seguro, un cuerpo. Tal y como escribió William A. Ewing en su libro El Cuerpo, “La Fotografía”, y podríamos añadir ‘los medios’, “ha traído consigo una nueva conciencia de la propia imagen, pero también un precio: la separación de la individualidad y del cuerpo».

La fotografía, y más específicamente su naturaleza, son parte de la esencia de la obra de Antony Crossfield. “En una cultura obsesionada con las imágenes del cuerpo vistas a través de una lente, deseo explorar el modo en que la fotografía manipulada digitalmente afecta al modo en que comprendemos nuestra corporalidad”, declara Crossfield. La fotografía, en un sentido general y con las excepciones evidentes, solía ser comprendida como el Lápiz de la Naturaleza, un medio utilizado para plasmar la realidad, que constituía un método fiable para contar la ‘verdad’. En la actualidad, con la influencia de las tecnologías digitales, la relación entre la fotografía y la realidad empieza a ser dudosa. Crossfield utiliza esta metamorfosis de la fotografía como una metáfora sobre cómo se forma la identidad en la actualidad; como dijo en una ocasión el artista Bruce Yonemoto, “con las nuevas tecnologías, la individualidad deja de ser el objeto proyectado para convertirse en la creación del medio». La naturaleza fluida y cambiante de la fotografía hace de ella el medio perfecto para explorar las bases inestables y cambiantes de la identidad y de la corporalidad. Ambas carecen completamente de la estabilidad tranquilizante que antaño había sido depositada en ellas.

Crossfield, con su formación de pintor, imprime deliberadamente en su obra un toque pictórico, «las imágenes se construyen de una manera más cercana al trabajo manual de la pintura», comenta. Toma varias fotografías de sus modelos, en algunos casos hasta 30; escoge fragmentos de las fotografías y entonces corta, pega, reinicia y reorganiza los fragmentos en una nueva imagen, las fotografías resultantes son creadas mediante la (re)utilización de fragmentos de realidad. Paradójicamente, aunque utiliza la última tecnología digital para crear sus imágenes, las trabaja ‘manualmente’, utilizando un lápiz digital que imita al pincel del artista. Desde el punto de vista conceptual y procesal, este método para fabricar imágenes no sólo se acerca a la pintura, sino también a las primeras manipulaciones fotográficas del siglo XIX y a los artistas de la Vanguardia que trabajaban con collages y montajes. Al sacar a la luz la construcción de la imagen y mostrar la apariencia innatural de sus montajes, Crossfield cuestiona la verdad de la fotografía y acepta un compromiso de honestidad con el espectador. Como en cualquier collage o fotomontaje, las imágenes de Crossfield son narrativas, entrelazan los diferentes significados de los fragmentos que las componen, generando un viaje interno visual y narrativo. Con estas imágenes, conseguimos una nueva manera de percibir el cuerpo y, por tanto, la identidad. Incluso siendo fotografías de simulacros, de cuerpos ficticios, no son representaciones. Son.

Fecha: Del 13 de marzo al 26 de abril de 2008
Lugar: Galería MiTO, C/ Roselló 193, 08036 Barcelona (mapa)
Precio: Entrada gratuita

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