«Acostumbrados» es un diario visual de los innumerables trayectos y viajes que durante casi doce meses, repartidos en un intervalo de cinco años, el fotógrafo Iñigo Bujedo ha realizado por la ciudad de Buenos Aires.
Un viaje a la capital argentina en el año 2000 marca el inicio del proyecto. Por aquel entonces, el país se desmoronaba y era el eterno aspirante al primer mundo de la Europa comunitaria y los todopoderosos Estados Unidos. Idealizados paraísos que tuvo al alcance de la mano, o así quiso creerlo, durante los años del menemismo y la convertibilidad que equiparaba el peso al dólar y que hacían de Buenos Aires una de las ciudades más caras del mundo.
Atrás habían quedado Evita y Perón, el lopezreguismo, la dictadura de los Videla y Galtieri, los años de transición e hiperinflación, del plan austral y la vida en el abismo permanente. Éstos habían sido reemplazados por los felices años 90 de las vacaciones en Miami, Punta del Este y Europa, de la pizza con champán.
Precisamente el crecimiento incontrolado del endeudamiento, la endémica corrupción y la insostenibilidad de una ficción que muchos argentinos se habían empecinado en creer, fue lo que llevo a la debacle de diciembre de 2001: la caída del gobierno de De la Rúa y “el argentinazo”, durante el cual el colapso del sistema financiero llevó a la ruina a gran parte de la tan celebrada clase media y hundió en la miseria a gran parte de la gente del país.
«Acostumbrados» es un trabajo que trata precisamente de indagar en la idiosincrasia de uno de los países con gran potencial humano y de mayor riqueza natural del mundo y en el que, sin embargo, cada pocos años, como si fuera un herpes que regresa, todo parece hundirse en el abismo. “Este es el país corcho –decía alguien– lo hundís una y otra vez y siempre sale a flote”.
Sociedad moderna y desarrollada, corrupta y machista, sofisticada y educada, llena de mitos y supersticiones, de culto al cuerpo y de mucho colesterol, la Argentina, hoy como ayer, es el resultado de sus propias contradicciones.
Mirando a su capital, a sus gentes y sus mitos, el autor se propuso indagar en las peculiaridades, en su carácter e idiosincrasia como nación y, de alguna manera, y siempre sin querer entrar en generalizaciones, tratar de ver si éstos eran extrapolables al conjunto del país. Allí, en Buenos Aires, viven casi trece millones de personas, la tercera parte de la población del país. Capital Federal y cono urbano, dos caras de una misma realidad. Mil y un mundos diferentes, con otras tantas realidades desperdigadas por una superficie urbana de dimensiones inabarcables.
Dice Tomas Eloy Martínez que Buenos Aires es la única ciudad en la que se puede ver con claridad lo que un día fue y que en nada se parece a aquello que ha sido. Y es que a cada viaje tiene uno la sensación de encontrarse un panorama diferente, de estar ante una realidad que muta continua y vertiginosamente, de que todo empieza de cero. En cierta medida, «Acostumbrados» es un trabajo que se sirvió del libro «Réquiem por un país perdido», del reconocido escritor argentino.
En Buenos Aires siempre se hablaba de la gran división que existía entre la Capital y el gran Buenos Aires. El cono urbano que queda pasando la autopista orbital que se conoce como la General Paz. División que venía a simbolizar la diferencia entre esa capital casi europea, sofisticada y cosmopolita, que es de sobra conocida, y una periferia de enormes dimensiones –el “más allá”– donde se escondía la identidad latinoamericana de la Argentina. Identidad que tanto tiempo, no sólo el mundo entero, sino los propios porteños y la mayoría de los argentinos desconocían o se empeñaron en ignorar. Poco queda hoy de esa ilusión.
Treinta minutos de trayecto en colectivo son suficientes para viajar desde esa ciudad mítica a las profundidades del mayor subdesarrollo que hoy se encuentra en Latinoamérica. Liniers, La Boca, Ciudad Oculta, en Mataderos, o el Bajo Flores se han convertido en lugares donde la degradación, la violencia y la miseria alcanza cotas formidables. Pero quizás sea al aventurarse en lugares inhóspitos del gran Buenos Aires, en territorios más propios del realismo mágico novelado, en lugares como Ciudad Evita o Laferrere, en La Matanza, Avellaneda o Dock Sud donde se obtiene una idea muy clara de lo que allí sucede. Realidad que contrasta enormemente con los barrios afluentes de Recoleta, Barrio Norte o Belgrano, en la capital, o los menos conocidos por el turista, pero no por ello menos privilegiados, de Olivos, San Isidro, La Lucila o los “countries” del Gran Buenos Aires, accesibles sólo para la vieja “aristocracia” y los nuevos ricos que generó el menemismo y la debacle de 2001.
Las fotos de «Acostumbrados» son un intento de dar sentido a lo que, sin duda, ha sido una experiencia fascinante y, muy probablemente, el desafío más importante al que como fotógrafo y periodista Iñigo Bujedo ha tenido la osadía de enfrentarse.
Fecha: Del 3 al 31 de julio de 2008
Lugar: Galería H2O, C/ Verdi 152, 08012 Barcelona (mapa)
Precio: Entrada gratuita
Absolutamente recomendable. Merece la pena llegar hasta casi
el final, en cuesta, de la calle Verdi para ver esta muestra fotográfica. Cerquita de Pl. Lesseps, para llegar en metro.
Hoy me he acercado a la galería pero no sabía que los lunes estaba cerrada. Me he quedado con las ganas. Otra vez será.
La galería tambien está abierta los sábados por la mañana.
Me ha gustado mucho la exposición, aunque su valor sociológico es indudable, me llama la atención la composición y el colorido de las fotos, felicidades!
También recomiendo la galería a quien no la haya visitado antes, es un lugar privilegiado con luz natural en la sala y un refrescante pequeño jardín detrás.
Acostumbrados nos tiene Íñigo a emocionarnos con su particular mirada del mundo, ya sea en el arrabal porteño, el coso taurino, la playa de la Barceloneta o la última genialidad constructiva de cualquiera de las muchas estrellas que pueblan el firmamento de la arquitectura actual. Esta serie es un retrato de gentes y lugares que nos cuenta con sutileza pero con poderío una historia (unas historias) que llegan al fondo del alma. Y esa narración, además, nos la ofrece empaquetada en una belleza compositiva impecable. La exposición es un regalo. Indispensable.
Poesia cromatica que en silencio nos transmite soledades,reflexion,sonrisa complice, sutil perfil de instantes vividos por el autor.
Musus
Horario abierto al público: de martes a viernes de 16 h. a 20 h. Sábados de 11 h. a 13 h.
Ayer pasamos por la galería y nos informaron que hoy, 24 de julio, a las 19.00 horas habrá una charla con el autor.